La última obsesión energética
Víctor L. Bacchetta, periodista Uruguayo
Iniciada la inevitable declinación de las reservas de petróleo y gas natural del planeta, la civilización del combustible fósil -sobre todo, los intereses económicos y políticos que la dominan, no se rinden fácilmente. Junto a unas guerras encarnizadas por las reservas que quedan, ha surgido un nuevo y peligroso maná energético: el gas de esquisto.
Según la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA), el gas que es posible extraer de rocas de esquisto o "shale gas" puede superar varias veces en cantidad las reservas probadas en el planeta de gas convencional. Recientes avances en las tecnologías de perforación horizontal y de extracción de las napas de esquisto, junto con la reducción de los costos de estas tecnologías, han desatado una verdadera fiebre del gas de esquisto.
Aunque se afirma ligeramente que este gas es menos nocivo que el petróleo, al ser una fuente diferente que requiere insumos y procesos adicionales para la extracción, no se puede asumir que es igual que el gas natural presente en forma líquida o gaseosa en depósitos originales. El problema aquí son, precisamente, las tecnologías requeridas para la extracción.



En los últimos cinco años desde que el Grupo ETC publicó un panorama global de las tecnologías de nanoescala, el paisaje ha cambiado considerablemente —aunque dichas tecnologías aún se promueven como la llave de la competitividad económica y la respuesta a todos los problemas del desarrollo humano y el ambiente. En este documento de actualización, el Grupo ETC revisa nuevamente la geopolítica de la nanotecnología y brinda un vistazo de las actuales inversiones, los mercados y las regulaciones en torno a las tecnologías de nanoescala (microscópicas).


