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La construcción social de la esperanza

Cristina de la Cruz Ayuso, coordinadora del comité de ética del proyecto de banca ética FIARE

Empiezo por lo obvio: recordando esa ofensiva neoliberal que forma parte de una cultura de la desesperanza y alimenta un modelo económico y político triunfador; una visión del mundo y de la sociedad que ha colonizado todas las esferas de nuestra vida y se autoproclama como alternativa única.
Cualquier otra alternativa nos exige compromiso, audacia y militancia. Una praxis transformadora que también reclama coherencia y sentido de la realidad. Una apuesta ética y política, que nos emplaza a generar y consolidar lógicas de poder distintas a la del sistema capitalista y la cultura dominante que alberga. No existe alternativa (ni esperanza) política si ésta no se construye desde una cultura de la resistencia, desde nuevas maneras de generar poder y dar forma a la sociedad que queremos.

No les falta alguna razón a quienes desde una mirada auto-crítica ponen en duda la penetración de las alternativas en el corazón mismo del sistema, apuntando hacia la necesidad de un cambio radical. Estas retóricas de la intransigencia tienen un componente crítico muy estimulante pero conviene no olvidar su efecto paralizante y el riesgo de que terminen recreando esa cultura de la desesperanza que lleva a aceptar con actitud fatalista la imposibilidad de alternativas. Hace falta llenarse los pies de barro para seguir avanzando.
Es aquí precisamente donde cobra fuerza y sentido lo «micro»: esas múltiples formas de resistencia que ya existen y se construyen mirando a horizontes de posibilidad; experiencias que llaman a rescatar otras lógicas distintas de relación; realizaciones y procesos que dan respuestas concretas a necesidades concretas. Alternativas, en definitiva, que se construyen en torno a valores como la confianza, la solidaridad, la cercanía, la cooperación, la transparencia, o la participación. La práctica de estos valores nos lleva al desarrollo de modos de hacer y lógicas distintas en la esfera económica y, qué duda cabe, mucho más humanizadoras que las propias del sistema económico actual. Sin embargo, esos valores necesitan un fin.
Efectivamente, no podemos olvidar que si lo que se persigue es la transformación de las estructuras de dominación en la esfera económica, eso no será posible con esos valores mientras no los articulemos en la práctica con una profunda intencionalidad política. La legitimidad de esas alternativas consiste en construirlas precisamente como proyectos políticos; en visualizar el sentido político de esas alternativas como espacios en los que se van gestando y construyendo colectivamente.
Las iniciativas locales que se están promoviendo en torno a la actividad agraria constituyen una de las expresiones más fecundas de articulación política haciendo pivotar en la dimensión productiva y económica su fuerza transformadora. Además, las experiencias agrarias, para su pleno desarrollo, traccionan de otras alternativas como la banca ética o los seguros éticos, lo cual contribuye a crear y fortalecer espacios más densos y maduros de transformación. Pero es importante reconocer el lugar de esos valores en ese proceso de construcción política. Algunos de ellos apuntan a normas, medios, estrategias o herramientas para la adecuación ética de la gestión. En todos ellos subyace un respeto por la dimensión comunitaria y la confianza. Son valores en definitiva que rescatan una dimensión ética concreta pero su afrontamiento requiere del aporte de la biopolítica.
Este es el reto: hacer viable las utopías liberadoras rescatando la fecundidad de su fortaleza ética; articulando solidaridad y resistencia; compromiso y militancia; promoviendo la construcción de redes e identidades centradas en la cercanía y la confianza. Todo ello en un contexto que obliga a esas otras alternativas a remar a contracorriente en un nicho cultural que las arrastra siempre mar adentro. Pero ya se sabe. No lo olvidemos tampoco: «la noche solo existe para los que se han dejado caer en la noche. Para los que están vivos, el sol es nuevo cada día».

 

 

Baserri Bizia 40


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