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José Luis Gutiérrez Lozano, especialista en Economía Solidaria
El imperio transnacional sigue vivo y dando coletazos. Unos dicen que es porque está herido de muerte, otros afirman que es por su naturaleza: las crisis que van y vienen sirven para que éste mantenga el control. El juego anual que se repite durante el último tercio de cada año continúa. En esta época, los economistas – esa casta de brujos que oteando el futuro no parece haber sido muy eficiente- desempolvan la bola de cristal para predecir las condiciones del entorno que incidirán en los negocios durante el próximo año.
Siguiendo el ritual de develar el futuro, Joachim Fels, economista jefe de Morgan Stanley descubre que "La economía global se está recuperando, el crecimiento mundial ha sido del 5% en los últimos 12 meses pero los tipos de interés reales globales siguen siendo negativos". Traducido a lenguaje comprensible, el economista ha dicho que los intereses que cobran los bancos son una ganga. Implica con ello que los bancos seguirán haciendo todo lo posible para que la riqueza del trabajo, bienes y servicios que realmente existe pase al control de sus accionistas a través de trucos, prestidigitaciones, juegos de sombras e ilusiones: contabilizando asientos virtuales e igualmente inasibles intereses. Descubre que la máxima autoridad monetaria del país aún más influyente en el mundo, la Reserva Federal (la Fed) de los E.U, dentro de la mayor crisis financiera de los últimos tiempos continúa emitiendo dólares de una manera excesivamente laxa. Como si nunca hubiese habido un tremendo exceso de dólares que produjo los llamados bonos tóxicos y, en resumen, la crisis financiera de hace casi dos años. Vale recordar que la Fed es un organismo manejado por los intereses privados de los bancos, nada tiene que ver con el gobierno de los EEUU, el cual está sujeto a sus veleidades. El propósito, su lógica, para imprimir la moneda que circula en aquel país, y que sirve para dominar a muchos otros en el mundo, no es otro que el de generar ganancias para los bancos a costa de la economía real; la que produce las cosas con las que viven las personas. De esta manera, la política monetaria expansionista, como la llaman los economistas, impulsa las tensiones inflacionarias en todo el mundo. Los países emergentes que realizan su comercio internacional con esa divisa están importando la política monetaria de los EEUU, y con ello, su inflación. La inflación es deseable para el imperio e indeseable para una economía mundial sana. Mientras el mundo se esfuerza por generar empleos, producir para satisfacer necesidades reales de techo, vestido y sustento de miles de millones de personas, quien produce el medio de pago, lo corrompe con inflación para controlar bienes, servicios, personas y gobiernos. El encarecimiento sostenido y generalizado de todas las cosas – definición técnica de inflación- induce a depender de quien produce el dinero, lo vende o lo alquila. El proceso es simple: el sistema bancario emite muchos dólares, así éstos se abaratan. Se necesitan cada vez más dólares para comprar la misma canasta de cosas. Para comprarlas, la gente -consumidores privados y gobiernos - piden prestado al sistema bancario y se obligan a dar en prenda (garantía, colateral, etc.) sus bienes. Al devolver el préstamo, a la cantidad recibida hay que añadir intereses: más dólares. Los países dentro de la órbita del dólar, como México, registran necesariamente más inflación. Los que no dependen del dólar, como la Unión Europea, se ven forzados a emular eventualmente esa misma táctica para no perder competitividad internacional. Sencillo, simple y perverso. La economía mundial se halla entrampada por lo que se conoce como “doble suelo”, dos condicionantes para mantener alejado el bienestar económico del grueso de la población: inflación y altos niveles de endeudamiento, con falta de intención de reducir los déficits fiscales en los países de la zona euro. La política monetaria que maneja el sistema bancario internacional – el verdadero imperio - tiene sólo dos posibles resultados: o provoca el disparo de la inflación, como ya está sucediendo, o impulsa al alza las tasas de interés sobre todo tipo de préstamos en una economía mundial con ya muy altos niveles de deuda. Subir los intereses podría colapsar las finanzas de millones de personas, empresas y gobiernos. Entonces podrían dejar de pagarle tributo a la bestia. Así que la salida es mayor inflación. En 2010 se produjeron más bienes y servicios que en 2009. Hay una recuperación; exactamente 5% más productos en un año. Al rebasar la inflación ese nivel, todo lo que se ganó produciendo más se ha ido en pago de mayores precios. El incremento de la producción no está beneficiando a la gente común; la ganancia se queda en manos de quienes producen el dinero. La recuperación no es más que un juego de sombras para que siga ganando el titiritero. |