“La agricultura campesina es una gran oportunidad para generar empleo” Mikel Kormenzana, presidente de EHNE-Bizkaia
Mikel Kormenzana, presidente de EHNE-Bizkaia, ha participado en el 2º Encuentro Internacional de Agroecología del sindicato ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) de Cuba, miembro de La Vía Campesina. Ha tenido lugar en la provincia cubana de La Habana del 16 al 21 de noviembre.
-¿Cuáles son los antecedentes del movimiento agroecológico en Cuba? “Cuba mantenía un sistema de agro-exportación de azúcar, café, plátano… hacia el bloque comunista, a cambio de tecnología de la URSS. Cuando cae este bloque se comprueba que este modelo de producción es vulnerable, requiere demasiado derroche energético y es dependiente de otros países. Cuba participó de la revolución verde durante 30 años, (siendo fuertemente subsidiada por Rusia); provocando salinización de un millón de hectáreas, deforestando, erosionando, compactando y perdiendo la fertilidad de su suelo. Esto produjo un gran éxodo rural, quedando solo el 20% de la población en el campo. El resultado fue una degradación de la base productiva y un fuerte problema de contaminación ambiental. Así llegaron a la década de los 90. Ante la caída de Rusia y los países del este de Europa, dejaron de producir y perdieron el 80% de los mercados, sumándose el bloqueo norteamericano, el comienzo de la globalización, y la crisis internacional. En este contexto Cuba se reorganizó y empezó a reordenar su agricultura con una base agroecológica y participativa hasta convertirse en un gran movimiento social, apoyado por el Estado, los Centros de Investigación y la Universidad. Este mismo año se han repartido 90.000 hectáreas entre personas que quieren acceder a la tierra para aumentar la producción agraria en claves de sostenibilidad agroecológica y soberanía alimentaria. Así, el nivel de autosuficiencia es actualmente el 45 %”.
-¿Con qué herramientas se ha propiciado este cambio? “La primera ha sido la participación activa de todo el campesinado, impulsada por la ANAP y su metodología de transmisión de conocimientos “de campesino a campesino”, con la implicación del Estado y los Institutos de Investigación. Todos ellos se han volcado en la sensibilización, promoción, divulgación e implantación de las técnicas agroecológicas. Se han buscado alternativas para fertilizar sus suelos (abonos verdes, compost, lombricompost, abonos orgánicos, uso de microorganismos), se ha rescatado la tracción animal que había sido desplazada por los tractores. En el manejo ecológico de plagas se estudia e incentiva el uso de controladores biológicos: predadores de plagas y/o microorganismos entomopatógenos. No se da un paquete tecnológico, cada finca es un sistema diferente; se dan herramientas lógicas de la agroecología para producir sin contaminar el medio ambiente. Asimismo, el Estado, además de facilitar créditos, tierra y servicios, negocia con las y los campesinos para etablecer unos precios dignos por encima de los costes de producción”.
-¿Qué aporta la agroecología? “La agroecología propone una estrategia de desarrollo rural sostenible, que privilegia, la soberanía alimentaria (es el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas agropecuarias y de alimentación), la conservación de los recursos naturales, la biodiversidad y empodera las comunidades rurales. La agroecología contribuye a reducir la pobreza y el hambre, cuida los recursos naturales y la biodiversidad, combate el cambio climático y genera un desarrollo rural sostenible, equitativo, socialmente justo y capaz de sostenerse ante los cambios ambientales que se avecinan. En las visitas a fincas que hemos tenido no había más que ver la impresionante diferencia que hay entre los sistemas agrodiversos visitados y los decrépitos monocultivos de caña de azúcar para la exportación, que aún persisten pero van a menos, a la inversa que el movimiento agroeológico, que es el que realmente está alimentando a la población y generando empleo. Las y los pequeños campesinos cubanos cuentan con un gran prestigio social y unos ingresos económicos muy dignos, incluso superiores a los de las y los ministros”.
-¿Cómo se organiza el campesinado cubano? “Todo el sistema de producción cubano tiene un fuerte eje en el cooperativismo con los principios de la economía solidaria y con la autogestión participativa. El campesino antes de la revolución trabajaba tierras de los hacendados. La revolución le dio la “propiedad”. Actualmente el 20% de la tierra es gestionado por las Cooperativas de Agricultores Agropecuarios (CPA) y el 5% por Cooperativas de Crédito y Servicio (CSS). Además, el gobierno da en usufructo tierras estatales a cooperativas de obreros (Unidades Básicas de Producción Cooperativa) para que produzcan alimentos; suponen el 50% de la tierra. Hay una fuerte incidencia de la agricultura urbana. Hay que tener en que el 75% de la población vive en ciudades y pueblos y existen numerosos espacios sin utilizar en las ciudades y periferia que pueden utilizarse para la producción de alimentos, lo cual se está potenciando”.
-¿En qué consiste el movimiento agroecológico “campesino a campesino”? “Es una metodología de transmisión del conocimiento campesino impulsada por la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños), que recupera la sabiduría campesina tradicional y la optimiza mediante dinámicas participativas y nuevas técnicas. Como su nombre indica, se basa en el contacto directo entre personas campesinas. El aula es la propia finca: se reúnen varias personas campesinas y hacen diagnósticos de las fincas y buscan cómo resolver sus problemas. Así, las y los campesinos se transforman en comunicadores y también en promotores y las fincas en verdaderas escuelas y bancos de semillas para sus propios municipios. Hay que destacar también que la recuperación del conocimiento campesino tiene que ver con la valoración de la propia cultura ancestral. En este sentido, me ha sorprendido muy gratamente comprobar que también son “bertsolaris”. Practican lo que se conoce como “décimas”, que son versos improvisados que se recitan en público, igual que en Euskal Herria”.
-Tras regresar de vivir esta rica experiencia, ¿qué conclusiones se pueden sacar pensado en la situación que viven actualmente las y los baserritarras? “Que es necesario y posible dar pasos hacia la soberanía alimentaria por la vía de la agroecología y la participación. Cuba lo está demostrando con el paso de un modelo agroindustrial y agro-exportador a otro campesino y social, en función precisamente de los principios de la agroeología y la solidaridad. Es posible hacer esa transición, pero para ello, además de impulsar e Euskal Herria proyectos como Nekasare o Erralde en esas claves, tenemos que seguir reivindicando una política agraria que regule la producción y los mercados para dignificar la actividad con precios dignos por encima de los costes de producción y generar el máximo empleo agrario. No hay que olvidar que en estos momentos de altos niveles de paro, generados por la crisis del sistema neoliberal, la agricultura campesina es una gran oportunidad para crear empleo, además de alimentos de calidad y gestión adecuada de los recursos naturales y el medio ambiente en unos momentos de impredecible déficit medio-ambiental y climático”.
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