Durante la ronda de contactos que ha mantenido durante las últimas semanas con los diferentes grupos políticos con representación en Bruselas, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), miembro de La Vía Campesina -en ambas participa EHNE-, ha reclamado enérgicamente que no se ratifique el acuerdo hortofrutícola entre la UE-Marruecos hasta que no se garantice un riguroso control en frontera y más derechos laborales y menos agresiones contra el medio ambiente en las explotaciones marroquíes.



El nuevo comisario de Agricultua, Dacian Cioloş, muestra un talante diferente a la anterior comisaria, decididamente neoliberal. Recientemente ha estado en el Estado español, en una visita a su Gobierno, que preside la Unión Europea en este primer semestre de 2010, coincidiendo también con representantes de COAG (foto). En una de sus útimas intervenciones ha dado unsa serie de pistas sobre sus convicciones como comisario, aunque aún sólo son palabras y habrá que ver los hechos. Ha dicho, entre otras cosas, que la agricultura familiar es esencial para la agricultura europea, porque cumple un doble papel económico y social y que la Política Agraria Común (PAC) debe valorizar todos los tipos de producción existentes en Europa. Esto último suena a quedar bien con todos, pero resulta poco real, ya que el modelo de agricultura industrial y, por otra parte, el de la agricutura familiar y campesina son totalmente opuestos y el primero vive de comerse al segundo. Adelanta también que va a promover en abril un debate público sobre la PAC.
La coordinadora agraria estatal COAG muestra su gran preocupación acerca del nuevo acuerdo comercial cerrado entre la Unión Europea y Marruecos, inquietud compartida por otras organizaciones agrarias de los Estados español y francés, y plantea próximas movilizaciones para denunciarlo. Este acuerdo posibilita importaciones baratas en productos como tomate, cítricos, pimiento, berenjena, melón, sandía o judías. Toda la agricultura dirigida a la exportación suele estar basada en el dumping y ser destructiva con las producciones agrarias del país de destino y también del propio país de origen. Europa es en este sentido una experta en estas prácticas. Hoy más que nunca la soberanía alimentaria es una necesidad social en todo el mundo.
La falta de relevo generacional es uno de los problemas más graves del campo europeo, junto a la constante caída de empleo y la pérdida de soberanía alimentaria. En la Unión Europea de 27 Estados, las y los agricultores de menos de 35 años apenas representan el 6 por ciento (4,48% en el Estado español), mientras los mayores de 65 años suponen el 34,10 (36,57% en el Estado), según datos de Eurostat correspondienes al año 2007; la tendencia es que cada vez hay menos agricultores y agricultoras jóvenes y más que superan los 65 años, con lo cual a día de hoy las cifras son más preocupantes.


