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El hiperconsumo es el principal causante del desequilibrio ecológico y del Cambio Climático

Baste señalar que los 20 países más ricos del mundo han consumido en este siglo más naturaleza, es decir, más materia prima y recursos energéticos no renovables, que toda la humanidad a lo largo de su historia y prehistoria (Vilches y Gil, 2003). Del mismo modo, el modelo alimentario de los países desarrollados, aparentemente tan satisfactorio, además de sus consecuencias negativas para el medio ambiente, se está traduciendo en serios problemas de salud (obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc.). Para llamar la atención respecto al hiperconsumo de los países más poderosos, activistas de El Poder del Consumidor y la oficina regional para América Latina y el Caribe de Consumers International, se pronunciaron en la Cumbre Climática de Cancún (COP16) portando grandes cabezas de los presidentes Obama, Merkel y Kan (foto), como protesta para que los gobiernos acuerden compromisos para modificar el modelo de consumo imperante que pone en riesgo la sobrevivencia de la humanidad.

El modelo de hiperconsumo que concentra la producción de la sociedad postindustrial en la generación de nuevas necesidades para un sector minoritario de la población mundial, ha llevado a que 700 millones, de un total de 6,8000 millones de personas, sean las responsables del 50% de las emisiones globales de CO2, mientras los 3 mil millones de personas más pobres solamente emiten el 6% del CO2.
Entre 1950 y 2005 la producción de metal aumento 600%, el consumo de petróleo 800%, el consumo de gas 1,400%. Se extraen anualmente 60 mil millones de toneladas de recursos, 50% más que hace 30 años. Se calcula que más del 60% de los servicios que brindan los ecosistemas del planeta se encuentran degradados.
La mayor parte de estos recursos han sido apropiados por el 20% de la población mundial que son responsables del  86% del consumo global, mientras el 20% más pobre consume solamente el  1.3%.
El director de El Poder del Consumidor explicó: “El gasto anual en cosméticos en Estados Unidos de 8,000 millones de dólares y el europeo en helados de 11,000 millones de dólares supera el gasto en agua potable, educación básica y alcantarillado para las 2,000 millones de personas del mundo que carecen de estos servicios”.
Se estima que las emisiones por persona no deben rebasar las 2.5 toneladas de CO2 al año para que la temperatura global del planeta no aumente más de 2° C, considerándose este el límite sobre el cual pueden presentarse catástrofes climáticas incontrolables.
Actualmente, el promedio de emisiones de los estadounidenses es de 19.1 toneladas anuales de CO2,  más de 7 veces superior al límite recomendado. Aunque la población mundial hiperconsumista se concentra en las naciones desarrolladas, también se presenta en las clases ricas de las naciones pobres, imponiéndose como un modelo al que aspira el resto de la población.
De ahí que la estrategia deba establecerse en compromisos por país para disminuir las emisiones de ese sector, permitir el desarrollo de los más pobres y desarrollar formas de producción y consumo sustentables para la población en general, como lo estableció la Cumbre de Marrakech.
“Necesitamos hacer cambios necesarios en los estilos de vida para combatir el cambio climático, buscando soluciones colectivas e individuales. En este sentido, los consumidores necesitan estar de manera central en la hoja de ruta hacia los cambios de patrones de consumo”, dijo Juan Trímboli, Coordinador de Consumers International para América Latina y el Caribe.
Los acuerdos internacionales de reducción de emisiones deben centrarse  en un programa para salvar al planeta que comprenda:
-Enfrentar y modificar los hábitos de consumo disminuyendo, en primer lugar, las emisiones de los hiperconsumidores, en el país en que se encuentren.
-Establecer un límite máximo de emisiones per cápita que permitiría a la población que está por debajo de ese límite desarrollarse y que la población que se encuentra por encima, disminuya sus emisiones, independiente del país en el que se encuentre.
-Transitar de las fuentes no renovables de energía hacia las Energías Renovables.
-Regular el comercio para impedir la obsolescencia programada de los productos.
-Regular la publicidad para que ésta sólo sea fuente de información y prácticas sustentables.
-Brindar información al consumidor sobre la huella ecológica en los productos y los servicios incorporando estos costos en su precio.
-Desfavorecer el uso de empaques y embalajes.
-Establecer políticas y reglamentos urbanos que disminuyan el consumo energético, los desplazamientos, el uso del automóvil y promuevan el transporte público.
-Desfavorecer, por diversos medios (educacionales, impositivos, etc.), todo tipo de producción de productos y servicios que traiga consecuencias negativas para el medio ambiente, la salud, la cultura y la economía.
-Detener el crecimiento poblacional.
Es lamentable ver como el ser humano en general, no es nada solidario, solamente piensa en sí mismo y en el satisfacer sus necesidades básicas, sin tener en cuenta que el planeta está siendo arrastrado a una sociedad “globalizada” e hiperconsumista, que está afectando al medio ambiente e incentiva la desigualdad entre los países.
Es preciso evitar el consumo de productos que dañan al medio ambiente por su alto impacto ambiental, es preciso ejercer un consumo  responsable, alejado de la publicidad agresiva que nos empuja a adquirir productos inútiles. Esto implica producir y comprar productos con garantía de que han sido obtenidos con procedimientos sostenibles, respetuosos con el medio y con las personas. Es necesario cambiar los hábitos de consumo para sentar las bases de un futuro sostenible.

 

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